11 de junio de 2025
El Sagrado Corazón de Jesús no es simplemente una imagen o un símbolo: es una invitación a experimentar el amor divino y humano de Cristo de un modo transformador. A través de esta devoción, se nos invita a contemplar las profundidades del amor de Jesús por la humanidad, un amor que es a la vez infinito y profundamente personal. El Sagrado Corazón es el símbolo supremo del amor sacrificial de Jesús, que se nos reveló en la Cruz, y sigue hablándonos hoy con una invitación a amar a cambio.
En el corazón de la devoción está el reconocimiento de que el amor de Cristo no es abstracto: es personal, concreto y sacrificado. El corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados, es un símbolo de la gran misericordia, compasión y amor de Dios. Es un amor que sufre por nosotros, que perdona nuestros pecados y que nos invita a ser transformados por su poder. Este amor no es sólo para admirarlo desde lejos, sino para recibirlo y compartirlo.
La devoción al Sagrado Corazón conlleva también una llamada a la reparación. Esto significa reparar las muchas maneras en que la humanidad ha descuidado o rechazado el amor de Cristo. Jesús, en sus revelaciones a Santa Margarita María, expresó su dolor por la ingratitud y los pecados del mundo, pidiendo actos de reparación. La reparación es una forma de responder al amor de Dios ofreciendo nuestro propio amor, nuestros sacrificios y nuestras oraciones para reparar el daño causado por el pecado.
Vivir la devoción al Sagrado Corazón nos llama a parecernos más a Cristo, a abrazar su amor y a encarnar ese amor en nuestras relaciones con los demás. Al contemplar el Sagrado Corazón, se nos invita a permitir que Su amor purifique nuestros corazones, permitiéndonos amar más profundamente, perdonar más libremente y servir a los demás desinteresadamente. El Sagrado Corazón nos recuerda que el amor no es sólo un sentimiento, sino una elección, un compromiso y una acción.
